Aquella noche fue especial. El bebio un poco demás y tal vez dijo cosas hirientes, o tal vez dijo cosas ardientes.
Ella lo acurrucó cada vez que el soltó una lagrima. El como un caballero le puso su saco cada vez que ella tenía frío. Bailaron desenfrenados, se besaron, se tocaron. Se amaron el uno al otro. Como en ninguna parte de habia visto una pareja amarse desde la cama al corazón, desde la carne al alma. Antes de terminar la velada el corrio donde el músico y le pidió que tocase aquella canción. Y cuando se estaban por ir el músico la toco y el la bailó románticamente con ella hasta que ella se dio cuenta que estarían así para siempre. Y por siempre bailaron la canción que no tenía ni un inicio, ni un final, que cada vez era más bella y los hacía enamorarse más, ahí se quedaron los dos por la eternidad, con el corazón en llamas, como si fuese el valz de los novios, pero era su pequeño tema, que sin lugar a duda removía recuerdos de aquellos dos esposos-amantes de sus vidas eternas.
La llama de su amor jamás se apagará pues la llama ni el viento puede moverla, ni la arena, ni el propio e inmenso mar.
domingo, 28 de noviembre de 2010
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